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Tres mentiras y tres verdades que aprendes en el Seminario

Estudiar teología (teología: dícese del estudio de Dios) en el seminario no es cualquier tontería. Conlleva exponerse a las verdades más intrínsecas de la existencia del Universo mientras analizas el sistema teológico que ha guiado tu vida desde que decidiste seguir a Jesús. Vamos, que puede convertirse en una rayada. Si te gustan los retos, apúntate a estudiar a un seminario. Personalmente, en el Seminario Teológico de Dallas estoy aprendiendo términos y conexiones de la Biblia que antes no conocía. Lo cual, me ha hecho descubrir tres mentiras y tres verdades acerca de estos seres únicos y extraños como yo que deciden arriesgar su estatus social para aprender TEOLOGÍA:

Mentiras

1. Estamos bien. Los seminaristas (y puede que los cristianos en general) tienden a sobre-espiritualizar y fingir que todo está bien. Estoy bien espiritualmente, estoy bien con mi pareja, estoy bien económicamente, en clase saco buenas notas… vamos, que estoy bien. En vez de reconocer que no somos nada y de que sin Cristo estamos perdidos, nos ponemos el cartel de “con Cristo mi vida es perfecta”. Nuestro cartel debería decir “No soy perfecto, pero Cristo me ama y me perdona por su gracia”. Los seminaristas no siempre estamos bien y tenemos que ser capaces de sacar nuestros sentimientos y situaciones embarazosas ahí afuera para que los demás puedan ayudarnos. Para eso existen las iglesias. No los edificios, sino las personas que forman las iglesias, claro.  Es cierto que aunque muchas veces llevemos el cartel de perfección, en el seminario sí se crean espacios para compartir nuestras luchas en pequeños grupos y ser sinceros los unos con los otros.

2. Todo está clarísimo. Nosotros no tenemos ninguna duda, sigue la mentira. Já! Si antes tenía dudas, ahora más. Es difícil saber cual de las teorías que te enseñan (milenialismo, dispensacionalismo,  etc) es la verdadera. Aquí te enseñan las diferencias entre unas y otras para que luego tú elijas. La elección debe basarse en lo que al estudiarla creas que está más de acuerdo con la Biblia. Nosotros, los estudiantes de seminario (sí, los raros esos) tenemos dudas de fe, de las enseñanzas de la Biblia y de las peculiaridades teológicas que pueden diferir desde claro a claro oscuro. Por eso estudiamos, para aprender.

3. Ellos se equivocan. No he llegado a este punto ni deseo llegar. Me refiero al momento en el que tu teología está tan definida que piensas que todos los demás se equivocan, y no sólo se equivocan, sino que no tienen ni idea. El seminario no te enseña a despreciar la teología de los demás, pero invita al estudio y elección de la teoría que se cree más acertada acorde a las palabras originales y significados concretos de la escritura de la Biblia en su origen. Esto está bien y yo también se lo recomiendo a cualquiera, pero cuidado, ¡el orgullo puede cegarte y dejarte sin amigos!

Verdades

1. Sólo sé que no sé nada. Antes de empezar a estudiar en el seminario de Dallas ya tenía la sospecha de que (aunque me sabía todas las típicas historias de escuela dominical) no poseía un conocimiento desarrollado de la Biblia. Ahora que ya he pasado dos semestres estudiando me he dado cuenta de que estaba en lo cierto. Es vergonzoso pero he de confesar que no distinguía entre los fariseos y los gentiles. Aunque ahora sí distingo entre estos grupos, sigo sin saber mucho y por eso espero que los próximos años me aclaren otras cosas que aún no entiendo.

2. Defiéndelo con la Biblia. Los cristianos muchas veces tenemos teorías que defenderíamos y hasta pondríamos la mano en el fuego por que sabemos que son verdad, pero no sabemos de donde las hemos sacado ni sabemos argumentarlas con versículos. Cuando tienes un profesor experto hebreo, griego y las parábolas de Juan enseñándote teorías diferentes a la tuya, esa que defenderías hasta la muerte, te surgen varios sentimientos. Primero rabia, porque eso no es lo que tu buen intencionado profe de escuela dominical te enseñó. Segundo, ganas de aprender la verdad. Tercero, ¡WOW!

3. El seminario enseña muchas más que tres verdades. El seminario te abre la mente a conexiones en la Biblia que antes estaban desconectadas y significados que antes no entendías. Es como estar en una habitación oscura y que alguien encienda la luz. En realidad, lo mejor de estudiar la Biblia es cuando eres tú mismo el que descubre las verdades mientras realizas los trabajos que te mandan para casa. He de reconocer que es un privilegio estudiar la palabra de Dios y tener tantos recursos (como el Logos, que por cierto es gratis para todos los estudiantes de DTS, y lo siento por todos los pastores del mundo que ahora os estáis muriendo de envidia) a mano para aprender de cientos de estudios que se han realizado y abrir los ojos a las maravillas que tiene Dios para nosotros. Al decir nosotros no me refiero a los seminaristas, sino a los humanos, TODOS. ¡Dios es increíble! Y la Biblia lo demuestra en cada uno de sus libros. Si no la entiendes, busca a alguien o algo (como un Comentario Bíblico) que te ayude a descubrirla tal y como Dios lo había planeado. En definitiva y sobre todo lo demás, estudiando en el seminario me he dado cuenta del valor que tiene la Biblia y de lo necesario que es aprender todas las verdades que el libro más preciado por la humanidad y por mí, está deseando mostrarte. ¡Estudia tu preciosa Biblia!

 

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