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A diario

En tu casa vivo yo,
y mi Espíritu Santo.
Mis ángeles la protegen
y si tú sonríes, la llenarás de felicidad.
Si amas a David, la llenarás de amor.
Si sirves a tus invitados, la llenarás de personas.
En tu casa estoy yo,
Jesús.

Cuando te levantas por la mañana
te miro y sonrío.
Cuando comes al mediodía
estoy a tu lado.
Cuando llegas cansada por la noche,
aun te estoy amando.
Y durante tus sueños
no me largo,
continúo en tu casa,
vigilando.
Y de nuevo por la mañana
te sigo mimando,
proveyéndote comida
y todo lo necesario.

Estefany, no olvides nunca
que estoy en tu casa a diario.
Pero cuando sales de ella,
también te acompaño.

Ahora mismo
en la biblioteca
estoy a tu lado.
Leyendo cada palabra escrita
que yo mismo te voy
susurrando.

Te amo, mi hija,
te amo a diario.

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Miedos anclados

Miedo a dejar a miles de kilómetros
una casa,
dos trabajos,
una iglesia,
dos familias,
algunos amigos
y una bonita etapa.
Miedo a que el frío del océano
entre América y Europa
congele relaciones tan calurosas
como el sol de Madrid en verano.
A que la vida de los míos cambie
y yo no esté presente para
celebrar o llorar.

Miedo a un futuro cercano
tan diferente y extraño.
Miedo a lo indefinido
a lo no concretado.
A cambiarlo todo
y salir defraudado.
A la añoranza,
la soledad.

Miedos que amarro
y lanzo al fondo del mar
donde quedan anclados.
El que va conmigo
es un Dios que no me
suelta la mano.
Que me regala mil promesas
y al oído me susurra:
“Mi vida, no temas,
estoy justo aquí
a tu lado”.

Y así mis miedos
son en valor transformados,
de alegría y paz irán
acompañados.
Un nuevo camino empieza,
junto a mi amado
llenaré las maletas
de zapatos de firmeza
que aplasten la inseguridad,
pantalones de aventura
con bolsillos llenos
de humor anti-agobios
e imprevistos,
camisetas diseñadas
con los colores de la felicidad
para que el espejo me recuerde
que la curva de mi sonrisa
no debe desmayar
y gafas solares
con graduación de confianza
en el Dios que jamás nos abandonará.


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Papá

Los rayos de sol que atraviesan los vacíos entre las nubes,
el destello plateado del reflejo de la luna sobre el mar,
el vivo color de las rosas,
la canción que te hace escapar de este mundo,
el atardecer rosáceo sobre las montañas,
la sonrisa del amigo al que aprecias,
el precioso color del fuego que hipnotiza el alma
y el amor que sobrepasa cualquier entendimiento.
Todo esto fue creado por mi Papá.

(escrito en el año 2009)


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Tú y yo

Te entrego mi corazón porque no quiero que el pecado lo diseque. Te entrego mis ojos, porque la imagen es desesperanzadora y vanagloriosa. Te entrego mi mente, porque los pensamientos podridos entristecen el alma. Te entrego mi vida en sacrificio vivo. Y no con facilidad. En tus manos no hay peligro que me pueda dañar, ni persona a la que envidiar. En tus manos estoy completa. No necesito nada a parte de ti. Nadie puede tocarme, porque Tú me proteges. No me compararé con nadie, porque Tú me amas de principio a fin. Desde los deformes dedos de los pies, hasta las decoloradas puntas del cabello. En ti estoy Dios y no quiero moverme de aquí, no quiero parar de escribir porque no quiero abandonar tu presencia.

Eres el que me rescata cada día de mi pecado. De mi ego. Eres el que me levanta del suelo para enseñarme a caminar. Una y otra vez, como si yo jamás hubiera aprendido. Eres el que levanta mi cabeza y me empapa la cara de bendiciones. Eres el más grande del mundo y aun no conozco ni un milímetro de tu longitud. Eres el Padre de Jesús. Mi amado Jesús. El que nos ha regalado al Espíritu Santo. Eres lo contrario a la religión. Eres Señor, mi Papá. Tú me creaste. Me hiciste tuya y te pertenezco.

El vínculo que nos une es precioso e impenetrable. Nuestra relación, lo que hay entre tú y yo es eterno. Estoy deseando conocerte. Acercarme a ti Jesús y si mi indignidad me lo permite, abrazarte. Y que nadie nos mire. Abrazarte no Señor, adorarte. Yo sola, sin que nadie me vea, por que esto se trata de ti y de mí. Tú y yo. Yo y Tú. A tus pies y nada más necesito. Solamente olerte o tenerte cerca. Solamente sentir tu presencia física y tu amor tan directo de forma individual. Tú y yo. No me cansaría de vivir llena de gozo. No puedo llegar a imaginarlo. Quizá las calles de oro son lo que menos importa. Tú hablándome de tu sabiduría. Tú. Amándome tan fuerte como siempre y más cierto que nunca. Mis emociones ya no tambalearán. Mi sonrisa jamás entristecerá. Mis pensamientos no oscurecerán a mi alma. La imagen será brillante y esperanzadora, las relaciones transparentes y limpias.

Aprendemos que la vida tiene toda clase de límites y luego llegas Tú, incomprensible, ilimitado. Señor me tienes totalmente enamorada. Siento en mi pecho que te amo con el corazón. También mi mente y voluntad, te aman.


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Bienvenida Navidad

La ciudad le esperaba,
las profecías años atrás ya avisaban.
Aún acurrucado en el vientre de su madre
parece que despertaba.

Desesperados por cobijarse
a Belén con prisa caminaban.
Aunque desde antes de nacer,
al Rey, ya las puertas se le cerraban,
muchos otros, con impaciencia
su nacimiento anhelaban.

Se acerca el momento de su llegada
se acerca la hora de la verdad,
¿cerrarás tus puertas al Salvador del mundo?
¿O abrirás ventanas, terrazas y
todo lo demás?

Si no estás preparado,
no esperes más,
se acerca el Rey de Reyes
y a tu puerta llamará.

Esta Navidad, Jesús es la estrella
que con fuerza brillará.